La sentencia que cambió mi vida no vino de un docente, un padre, una novia o de cualquiera que me conociese desde hace años, no, vino de un tío con el que me pasé dos noches hablando de los principios sobre los que construye el Barcelona de Guardiola.
Sus palabras fueron: "Creo que el personaje ha engullido a la persona, ragazzo".
Tantas horas nocturnas tiradas calentándome la cabeza sobre que era lo que estaba mal en mí, el por qué no era capaz de disfrutar de las cosas buenas que me pasaban. Tantos devaneos con sustancias poco aconsejables para ver si así lograba una explicación al por qué cuando me aislaba en mi mundo al final del día me sentía más vacío que la noche anterior.
Todo para que en un país extraño, en una región más extraña aún, un Informático Extremeño suelte esa frase y me replantee que narices he estado haciendo durante el poco tiempo que llevo en esto de la vida adulta.
Benditas becas Erasmus.
